Las promesas de Dios para el futuro: vida eterna, justicia y un mundo restaurado
Vivimos rodeados de incertidumbre.
Guerras.
Conflictos.
Enfermedades.
Crisis económicas.
Injusticias.
Problemas familiares.
Pérdidas.
Noticias que parecen cambiar cada hora.
Frente a todo esto es natural preguntarse:
¿Hacia dónde va el mundo?
¿Existe realmente esperanza para el futuro?
¿Terminarán algún día el sufrimiento y la injusticia?
La Biblia responde a estas preguntas con una visión extraordinariamente esperanzadora.
Su mensaje no presenta al mundo actual como el capítulo definitivo de la historia.
Habla de restauración, resurrección, vida eterna, justicia y paz.
Habla de un futuro en el que Dios hará nuevas todas las cosas.
Por eso las promesas bíblicas acerca del futuro no fueron escritas solamente para satisfacer nuestra curiosidad sobre aquello que ocurrirá algún día.
También buscan transformar nuestra manera de vivir hoy.
Porque cuando sabemos hacia dónde se dirige una historia, interpretamos de manera diferente los capítulos difíciles.
¿Qué promete Dios para el futuro según la Biblia?
En términos generales, la esperanza bíblica incluye varias promesas centrales:
Dios restaurará su creación;
habrá nuevos cielos y nueva tierra;
la muerte será vencida;
habrá resurrección;
quienes pertenecen a Cristo recibirán vida eterna;
el sufrimiento no continuará para siempre;
la injusticia será finalmente juzgada;
la paz caracterizará el Reino de Dios;
Dios habitará con su pueblo.
Estas promesas forman una sola gran historia.
La Biblia no termina con un mundo abandonado.
Termina con un mundo restaurado.
El Reino de Dios: una esperanza en medio de un mundo roto
Cuando observamos nuestra realidad puede parecernos que el caos tiene ventaja.
Personas inocentes sufren.
Los poderosos a veces utilizan injustamente su influencia.
Hay pobreza.
Violencia.
Corrupción.
Enfermedad.
Muerte.
Y muchas veces nuestras propias vidas también contienen situaciones que no podemos resolver.
Por eso la idea bíblica del Reino de Dios resulta tan importante.
El Reino representa el gobierno de Dios, donde su voluntad, justicia y paz finalmente prevalecen.
No es simplemente la promesa de que algunas circunstancias serán ligeramente mejores.
La esperanza bíblica apunta hacia una restauración mucho más profunda.
La promesa de nuevos cielos y nueva tierra
Isaías 65:17 contiene una de las grandes promesas del Antiguo Testamento:
“Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra”.
Siglos después, esta imagen reaparece al final de la Biblia.
Apocalipsis 21:1 declara:
“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva”.
Existe así una conexión extraordinaria entre Isaías y Apocalipsis.
La historia bíblica avanza hacia una creación renovada.
Esto es importante porque muchas veces la esperanza cristiana se resume únicamente como:
“Ir al cielo cuando morimos”.
Pero la visión bíblica final es todavía más grande.
Apocalipsis presenta a Dios restaurando su creación y habitando con la humanidad.
¿Qué significa “nuevos cielos y nueva tierra”?
Las distintas tradiciones cristianas han discutido algunos detalles acerca de cómo interpretar exactamente esta expresión.
Pero el mensaje central es claro:
el estado actual del mundo no será permanente.
El pecado, la muerte y el sufrimiento no tendrán existencia eterna.
Dios promete una realidad renovada.
La creación que hoy vemos marcada por corrupción y dolor será llevada hacia la restauración que Dios ha prometido.
Por eso la esperanza bíblica no consiste en pensar:
“Nada importa porque todo desaparecerá”.
Más bien afirma:
“La creación le importa a Dios y Él tiene un propósito de restauración”.
Apocalipsis 21: el futuro sin muerte ni dolor
Pocos textos bíblicos expresan esta esperanza tan poderosamente como Apocalipsis 21:3-4.
Allí encontramos varias promesas:
Dios estará con su pueblo.
Las lágrimas serán enjugadas.
La muerte dejará de existir.
El llanto terminará.
El dolor no continuará para siempre.
Pensemos por un momento en lo que esto significa.
Toda persona que haya perdido a alguien conoce el dolor de la muerte.
Toda persona que haya enfrentado enfermedad conoce la fragilidad del cuerpo.
Toda persona que haya sufrido sabe lo profundamente real que puede ser el dolor.
La Biblia no niega esas experiencias.
No dice que el sufrimiento sea una ilusión.
Promete algo diferente:
no durará para siempre.
La esperanza cristiana no consiste en negar el sufrimiento
Tener esperanza no significa fingir que todo está bien.
Una persona puede confiar en Dios y al mismo tiempo llorar.
Puede tener fe y sentirse cansada.
Puede creer en las promesas de Dios y atravesar un duelo difícil.
Puede esperar en la restauración futura y reconocer que el presente duele.
La esperanza bíblica no elimina automáticamente nuestras lágrimas actuales.
Nos asegura que las lágrimas no representan el final de la historia.
Ezequiel 37: cuando Dios puede traer vida donde parece imposible
Una de las imágenes más poderosas de restauración aparece en Ezequiel 37.
El profeta contempla un valle lleno de huesos secos.
Humanamente, la situación no podría parecer más definitiva.
No existe movimiento.
No existe esperanza visible.
No existe vida.
Sin embargo, Dios pregunta a Ezequiel acerca de esos huesos y comienza una escena extraordinaria de restauración.
Los huesos se unen.
Aparecen tendones.
Carne.
Piel.
Y finalmente vida.
Dentro de su contexto bíblico, la visión está relacionada con la restauración del pueblo de Israel.
Pero la imagen también comunica una verdad poderosa acerca del Dios presentado por la Biblia:
Dios puede traer esperanza a situaciones que humanamente parecen completamente perdidas.
¿Qué áreas de nuestra vida parecen “huesos secos”?
Quizá una relación.
Una etapa espiritual.
Una pérdida.
Un proyecto.
Una familia dividida.
Una esperanza que abandonamos hace años.
No todas las situaciones serán restauradas exactamente como nosotros imaginamos.
La Biblia no promete que cada problema terrenal se resolverá inmediatamente de la manera que deseamos.
Pero sí presenta a Dios como un Dios de restauración.
Y la promesa final de la nueva creación garantiza que el mal y la muerte nunca tendrán la victoria definitiva.
La promesa de la vida eterna
La segunda gran esperanza del mensaje bíblico es la vida eterna.
Juan 3:16 probablemente sea el texto bíblico más conocido sobre esta promesa:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Observa dónde comienza esta promesa.
Con el amor de Dios.
La vida eterna no aparece como un premio que el ser humano logra mediante perfección moral.
Es presentada dentro de la obra salvadora de Dios por medio de Jesucristo.
La vida eterna nace del amor de Dios
1 Juan 4:10 expresa una idea similar:
el amor comienza en la iniciativa de Dios y en el envío de su Hijo.
Esta perspectiva cambia completamente la comprensión cristiana de la salvación.
No consiste en decir:
“Tengo que conseguir que Dios me ame”.
El evangelio comienza afirmando:
Dios amó y actuó.
La respuesta humana es confiar, arrepentirse y seguir a Cristo.
¿La vida eterna significa simplemente vivir para siempre?
No solamente.
Una existencia interminable dentro de un mundo lleno de enfermedades, injusticia, envejecimiento y dolor difícilmente sería una gran promesa.
La esperanza bíblica une la vida eterna con:
la resurrección;
la presencia de Dios;
la eliminación de la muerte;
la restauración;
una creación renovada.
Por eso la vida eterna es mucho más que duración.
Tiene que ver también con la calidad y plenitud de una vida reconciliada con Dios.
Juan 6:40 y la promesa de la resurrección
Juan 6:40 conecta directamente la fe en Cristo con la vida eterna y añade una promesa fundamental:
“Yo le resucitaré en el día postrero”.
La resurrección ocupa un lugar central en la esperanza cristiana.
El futuro prometido por Dios no consiste únicamente en que un alma continúe existiendo.
La Biblia dirige la mirada hacia una futura victoria sobre la muerte.
La resurrección de Jesús se presenta en el Nuevo Testamento como el fundamento de esta esperanza.
¿Por qué es tan importante la resurrección?
Porque la muerte parece ser el límite definitivo de todas nuestras aspiraciones.
Podemos construir.
Aprender.
Amar.
Trabajar.
Crear.
Soñar.
Pero finalmente nos encontramos con nuestra propia mortalidad.
El cristianismo responde a este problema haciendo una afirmación extraordinaria:
la muerte será vencida.
Por eso 1 Corintios 15 dedica un capítulo completo a la resurrección.
La esperanza cristiana no intenta hacer que la muerte parezca menos seria.
Afirma algo mucho más fuerte:
Dios tiene poder para vencerla.
El libro de la vida: ¿qué significa?
Apocalipsis utiliza varias veces la imagen del libro de la vida.
En Apocalipsis 3:5, Jesús habla de quien vence y de su nombre en el libro de la vida.
Esta imagen comunica pertenencia, reconocimiento y salvación dentro del lenguaje simbólico de Apocalipsis.
No se presenta como una lista que los seres humanos puedan consultar.
Funciona como una imagen de quienes pertenecen a Dios.
La intención del texto es producir perseverancia y esperanza.
Cómo cambia nuestra vida saber que existe una esperanza eterna
Puede parecer que hablar de eternidad nos aleja de los problemas cotidianos.
En realidad, puede ocurrir exactamente lo contrario.
Una perspectiva eterna modifica nuestras prioridades.
Si esta vida no es toda la historia:
el amor importa;
la fidelidad importa;
la justicia importa;
el carácter importa;
la manera en que tratamos a otros importa;
nuestras decisiones importan.
La esperanza futura puede producir responsabilidad presente.
La vida eterna y el miedo a la muerte
La muerte continúa siendo dolorosa.
La fe no convierte automáticamente la pérdida en algo fácil.
Pero puede transformar la manera en que interpretamos la muerte.
Para el cristiano, la tumba no constituye la escena final.
La futura resurrección significa que el duelo puede convivir con esperanza.
Esto explica las palabras de Pablo en 1 Tesalonicenses 4, donde reconoce la tristeza de los creyentes por quienes han muerto, pero les recuerda que no están sin esperanza.
La promesa de justicia perfecta
Otro de los grandes problemas humanos es la injusticia.
Todos sabemos, por experiencia o por observación, que los sistemas humanos no producen justicia perfecta.
Algunas personas culpables nunca enfrentan consecuencias.
Algunas víctimas nunca reciben reparación.
Hay corrupción.
Hay desigualdad.
Hay abuso de poder.
Y muchas veces parece que hacer lo correcto no produce ninguna ventaja.
La Biblia reconoce este problema y promete algo que ningún sistema humano ha podido garantizar:
justicia perfecta.
Salmo 72: justicia y paz
Salmo 72 contiene una visión de un gobierno caracterizado por justicia y paz.
El versículo 7 declara:
“Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz”.
La relación entre justicia y paz es importante.
La verdadera paz bíblica no consiste simplemente en que nadie esté discutiendo.
Una sociedad puede parecer tranquila mientras debajo existe opresión.
La paz auténtica necesita justicia.
Por eso ambas aparecen juntas dentro de la visión del Reino de Dios.
Isaías 9:7: un Reino establecido en justicia
Isaías 9 presenta el futuro gobierno del Mesías y declara que será afirmado:
“en juicio y en justicia”.
En la interpretación cristiana, esta profecía encuentra su cumplimiento en Jesucristo.
El Reino de Dios no se sostiene mediante corrupción, propaganda o intereses particulares.
Su Rey es justo.
Esa diferencia explica por qué las promesas del Reino producen tanta esperanza.
¿Por qué la justicia humana nunca puede ser completamente perfecta?
Porque todos los sistemas humanos tienen limitaciones.
Los jueces pueden equivocarse.
Los gobiernos pueden corromperse.
Las pruebas pueden desaparecer.
Los testigos pueden mentir.
Quienes tienen dinero o poder pueden manipular procesos.
Las leyes pueden ser imperfectas.
Ninguno de esos límites existe para Dios dentro de la visión bíblica.
Por eso la justicia divina es presentada como la instancia final.
Dios y la justicia hacia los vulnerables
Isaías 11:4 habla de juzgar con justicia a los pobres y decidir con equidad por los humildes.
Este tema aparece repetidamente en la Biblia.
A Dios le importa la manera en que son tratados:
los pobres;
los débiles;
los extranjeros;
los marginados;
las víctimas;
quienes carecen de poder.
La justicia de Dios no es un concepto abstracto.
Tiene consecuencias reales para la forma en que tratamos a otras personas.
Si Dios hará justicia en el futuro, ¿debemos ignorar la injusticia actual?
No.
Esta sería una conclusión equivocada.
Miqueas 6:8 resume el llamado:
hacer justicia, amar misericordia y caminar humildemente con Dios.
La esperanza futura no debe producir pasividad.
Debería producir una vida que refleje ahora los valores del Reino que esperamos.
Si creemos en un Reino de justicia, deberíamos amar la justicia.
Si esperamos paz, deberíamos buscar paz.
Si creemos en la misericordia de Dios, deberíamos practicar misericordia.
Vivir hoy como ciudadanos del Reino que esperamos
Podemos reflejar los valores del Reino en decisiones cotidianas.
Por ejemplo:
tratar con dignidad a una persona ignorada por otros;
decir la verdad aunque resulte incómoda;
defender a quien está siendo tratado injustamente;
resolver conflictos sin alimentar violencia;
ayudar a alguien que atraviesa dificultades;
cumplir nuestra palabra;
perdonar;
compartir;
escuchar.
Estos actos no crean por sí mismos la futura nueva creación.
Pero sí pueden anticipar los valores del Reino de Dios.
La paz eterna: algo más profundo que ausencia de conflictos
Nuestro mundo busca constantemente paz.
Sin embargo, muchas veces entendemos paz únicamente como ausencia de guerra.
El concepto bíblico es más amplio.
La paz implica integridad.
Relaciones restauradas.
Seguridad.
Justicia.
Comunión con Dios.
Apocalipsis 22 presenta la culminación de esta esperanza: la maldición ha desaparecido y el trono de Dios está presente.
La historia que comenzó con una creación fracturada termina con restauración.
Del Génesis al Apocalipsis: la gran historia de restauración
Existe una forma especialmente poderosa de comprender las promesas bíblicas.
Observando el comienzo y el final de la Biblia.
Génesis
Creación.
Comunión con Dios.
Entrada del pecado.
Dolor.
Muerte.
Expulsión.
Apocalipsis
Nueva creación.
Presencia de Dios.
Restauración.
Vida.
Ausencia de muerte.
Eliminación de la maldición.
La Biblia forma así una gran historia:
creación → caída → redención → restauración.
Ese marco nos permite comprender mejor la esperanza cristiana.
¿Qué relación existe entre Jesús y todas estas promesas?
Jesús se encuentra en el centro.
La promesa de vida eterna se relaciona con él.
La resurrección se fundamenta en él.
El Reino se anuncia a través de él.
La nueva creación culmina con Dios y el Cordero.
Por eso la esperanza cristiana no se basa simplemente en la idea de que:
“Algún día todo estará mejor”.
Se fundamenta en la persona y obra de Jesucristo.
¿Qué enseñó Jesús acerca del Reino de Dios?
El Reino fue uno de los temas centrales de su predicación.
Jesús utilizó parábolas para explicar cómo actúa y crece.
Entre ellas aparecen imágenes como:
una semilla;
la semilla de mostaza;
trigo y cizaña;
tesoro escondido;
una red;
un sembrador.
Estas imágenes muestran diferentes aspectos del Reino.
Algunas hablan de crecimiento.
Otras de valor.
Otras de juicio.
Otras de recepción de la Palabra.
La semilla de mostaza: grandes resultados desde pequeños comienzos
Jesús compara el Reino con una semilla de mostaza.
Algo pequeño puede llegar a producir un resultado sorprendentemente grande.
Este principio puede ayudarnos cuando sentimos que nuestros esfuerzos actuales no tienen importancia.
Una oración.
Una conversación.
Una decisión justa.
Un acto de misericordia.
Una decisión de perdonar.
Una pequeña acción puede tener consecuencias que no vemos inmediatamente.
El sembrador: cómo recibimos la Palabra
La parábola del sembrador muestra semillas cayendo sobre diferentes terrenos.
El problema no se encuentra en la semilla.
La diferencia está en cómo es recibida.
Esto plantea una pregunta importante:
¿Qué clase de espacio estamos creando en nuestra vida para las promesas de Dios?
Podemos escuchar una promesa y olvidarla inmediatamente.
Podemos emocionarnos durante un momento.
O podemos permitir que transforme nuestras decisiones.
La esperanza bíblica está diseñada para producir fruto.
La oveja perdida: el corazón del Rey
La parábola de la oveja perdida revela otro aspecto del carácter de Dios.
El pastor busca aquello que se ha perdido.
El Reino no se presenta solamente mediante poder.
También mediante misericordia.
Esto es especialmente importante cuando hablamos de justicia divina.
El juez bíblico también es el Dios que busca salvar.
El trigo y la cizaña: la justicia no se retrasará para siempre
La parábola del trigo y la cizaña muestra bien y mal coexistiendo temporalmente.
Esta imagen explica una de las grandes preguntas de la fe:
¿Por qué permite Dios que el mal continúe existiendo?
La parábola muestra que existe un tiempo de espera, pero también un momento final de separación y juicio.
Desde esta perspectiva, la paciencia de Dios no significa indiferencia.
La justicia puede parecer retrasada.
Pero no está olvidada.
¿Cómo encontrar esperanza cuando las noticias son malas?
Aquí las promesas futuras se vuelven extremadamente prácticas.
El acceso constante a noticias puede crear la sensación de que todo está empeorando simultáneamente.
Podemos conocer tragedias ocurridas a miles de kilómetros segundos después de que suceden.
Eso puede generar:
miedo;
ansiedad;
impotencia;
desesperanza;
enojo constante.
Las promesas bíblicas no nos obligan a ignorar las noticias.
Nos impiden tratar las noticias de hoy como si fueran el capítulo final de la historia.
El cristiano puede reconocer:
“Esto es grave”.
Y al mismo tiempo creer:
“Esto no será eterno”.
¿Cómo vivir con esperanza cuando tu problema es personal?
Tal vez tu mayor problema no sea una guerra distante.
Tal vez estás enfrentando:
una enfermedad;
una pérdida;
una deuda;
una familia rota;
una injusticia;
un fracaso;
una etapa de soledad.
La promesa futura no significa necesariamente que Dios solucionará cada situación mañana.
Significa que ninguna de estas situaciones posee autoridad para escribir el final definitivo de tu historia.
La esperanza cambia la manera de perseverar.
Esperanza no es optimismo ingenuo
Es importante distinguir ambas cosas.
El optimismo puede decir:
“Seguro todo saldrá exactamente como quiero”.
La esperanza cristiana dice:
“Aunque no sé exactamente qué ocurrirá mañana, confío en el propósito final de Dios”.
Una depende de nuestras expectativas.
La otra depende del carácter y las promesas de Dios.
7 maneras de vivir hoy a la luz de las promesas de Dios
1. Recuerda regularmente las promesas
No podemos vivir según verdades que constantemente olvidamos.
Lee y medita en textos como:
Isaías 65.
Juan 3.
Juan 6.
1 Corintios 15.
1 Tesalonicenses 4.
Apocalipsis 21 y 22.
2. No permitas que el miedo controle todas tus decisiones
Tener precaución es sabio.
Vivir gobernado continuamente por miedo es diferente.
La esperanza permite actuar con prudencia sin asumir siempre el peor futuro posible.
3. Practica justicia
Si esperas un Reino justo, comienza a vivir justamente.
4. Busca la paz
No alimentes conflictos innecesariamente.
Aprende a escuchar.
Habla con verdad.
Busca reconciliación cuando sea posible.
5. Ama profundamente
La vida es frágil.
No desperdicies años enteros guardando palabras que deberías decir.
6. Sirve
La esperanza cristiana no debe encerrarnos en nosotros mismos.
Pregunta:
¿Quién necesita ayuda cerca de mí?
7. Persevera
Hay temporadas en las que la fe consiste principalmente en continuar.
Un día más.
Una oración más.
Una decisión fiel más.
La esperanza nos permite seguir caminando.
Versículos clave sobre las promesas de Dios para el futuro
Isaías 65:17
Habla de nuevos cielos y nueva tierra.
Juan 3:16
Relaciona el amor de Dios, Jesucristo y la vida eterna.
Juan 6:40
Conecta la fe en Cristo con la vida eterna y la futura resurrección.
1 Corintios 15
Desarrolla ampliamente la esperanza cristiana de la resurrección.
Apocalipsis 21:1-4
Describe nuevos cielos y nueva tierra y la eliminación definitiva de muerte, llanto y dolor.
Apocalipsis 22
Presenta la culminación de la nueva creación y la presencia de Dios.
Salmo 72:7
Relaciona el Reino con justicia y abundancia de paz.
Isaías 9:7
Habla de un Reino establecido sobre justicia.
Miqueas 6:8
Llama al pueblo de Dios a practicar justicia, misericordia y humildad ahora.
Preguntas frecuentes sobre las promesas de Dios
¿Qué promete Dios para el futuro según la Biblia?
La Biblia habla de restauración, resurrección, vida eterna, nuevos cielos y nueva tierra, justicia definitiva, paz y la presencia de Dios con su pueblo.
¿Qué significa nuevos cielos y nueva tierra?
Es el lenguaje utilizado en Isaías y Apocalipsis para describir la futura renovación de la creación y el cumplimiento definitivo del propósito de Dios.
¿Habrá muerte en el Reino futuro de Dios?
Apocalipsis 21:4 declara que la muerte dejará de existir en la realidad final prometida por Dios.
¿Qué es la vida eterna?
Dentro del cristianismo, la vida eterna es la vida recibida por medio de Jesucristo y culmina en comunión con Dios, resurrección y participación en la creación restaurada.
¿Cómo se recibe la vida eterna?
El Nuevo Testamento presenta la vida eterna como un regalo de Dios recibido mediante la fe en Jesucristo, no como algo ganado simplemente acumulando buenas obras.
¿Habrá justicia perfecta algún día?
La Biblia afirma que Dios juzgará con justicia y que su Reino será caracterizado por justicia y paz.
¿Por qué Dios permite injusticia ahora?
La Biblia reconoce la presencia actual del mal y enseña que el juicio definitivo todavía es futuro. Varias parábolas de Jesús muestran un período en el que bien y mal continúan coexistiendo antes del juicio final.
¿La esperanza futura significa que no debemos intentar mejorar el mundo actual?
No. Textos como Miqueas 6:8 llaman al creyente a practicar justicia, misericordia y humildad ahora.
¿Cómo pueden las promesas de Dios ayudarme cuando estoy sufriendo?
No eliminan automáticamente el dolor, pero proporcionan una perspectiva en la que el sufrimiento presente no constituye el final de la historia.
¿Dónde puedo leer acerca del futuro prometido por Dios?
Algunos pasajes fundamentales son Isaías 65, Juan 3, Juan 6, 1 Corintios 15, 1 Tesalonicenses 4 y Apocalipsis 21-22.
Conclusión: el caos actual no es el final de la historia
Las noticias de hoy no representan la última página.
La enfermedad no representa la última página.
La injusticia no representa la última página.
El sufrimiento tampoco.
La Biblia termina con una promesa de restauración.
Nuevos cielos.
Nueva tierra.
Resurrección.
Vida eterna.
Justicia.
Paz.
Y Dios habitando con su pueblo.
Por eso la esperanza cristiana no consiste únicamente en esperar que mañana sea un poco mejor que hoy.
Se fundamenta en una promesa mucho mayor:
Dios llevará su historia hacia la restauración.
Mientras esperamos, nuestra tarea no consiste en permanecer pasivos.
Podemos comenzar a reflejar ahora aquello que esperamos encontrar plenamente en su Reino.
Justicia.
Misericordia.
Paz.
Amor.
Fidelidad.
Esperanza.
Cada día puede convertirse en una oportunidad para vivir como alguien que cree que el dolor no es eterno, que la injusticia no triunfará para siempre y que Dios todavía está escribiendo la historia.
El presente puede ser difícil.
Pero para la esperanza cristiana, el presente no es el final.
ORACIÓN DE ESPERANZA EN LAS PROMESAS DE DIOS
Padre celestial:
Gracias por las promesas que nos has dado.
Cuando observamos el sufrimiento y la injusticia de nuestro mundo, ayúdanos a recordar que esta realidad no representa el final de tu historia.
Gracias por la promesa de nuevos cielos y nueva tierra.
Gracias por la esperanza de la resurrección y la vida eterna.
Gracias porque prometes un futuro donde la muerte, el llanto y el dolor no tendrán lugar.
Ayúdanos a confiar en ti durante las temporadas difíciles.
Danos fuerza cuando sentimos que no podemos continuar.
Enséñanos a vivir hoy de acuerdo con los valores de tu Reino.
Haznos personas que practiquen justicia, misericordia, paz y amor.
Que nuestra esperanza futura transforme nuestras decisiones presentes.
Y cuando sintamos miedo por aquello que viene, recuérdanos que nuestra confianza está puesta en ti.
En el nombre de Jesús.
Amén.
¿Cuál de estas promesas te llena más de esperanza: la vida eterna, la resurrección, la desaparición del sufrimiento o la justicia perfecta de Dios?
Cuéntalo en los comentarios.
Y si hoy necesitas recordar que el sufrimiento no tiene la última palabra, puedes escribir simplemente:
“Amén”.